MEG vectorizado

Y por esos misterios del destino, en el año 1980 llegué a este increíble lugar, Ushuaia, en Tierra del Fuego, Argentina. Muchos lo llaman “el Fin del Mundo”, pero para mí fue el “principio” de un mundo nuevo.

Todo comenzó cuando era niña, cuando todo era posible, cuando todavía no había barreras en el corazón y tenía tantos amigos; la tortuga, el gato, el árbol de mandarinas, las nubes, la lluvia, los caracoles, los rayos de sol que entraban todas las mañanas por los agujeritos de mi persiana; los vecinos, las hojitas de la vereda… y, los más íntimos, mis lápices de colores, mi cuaderno, mis pinceles y mis témperas.

Ellos sabían comprenderme muy bien, podían calmar mi tristeza, y me hacían viajar, sin tiempo, a lugares que solo yo conocía.

Al crecer, los abandoné…

Y fue en este lugar, donde la presencia de la naturaleza nos enfrenta con nosotros mismos, que nuevamente acudí a su magia y a su ternura, y tomé una firme decisión: “no volver a abandonarlos”.

Comencé a dedicarme al dibujo y a la pintura.

Abrí un taller para niños: “Taller experimental de Arte y Creatividad MEG”

Aprendí mucho con ellos; fueron mis maestros. Monté muestras de “Arte Infantil”. Presenté mis obras en muestras individuales y colectivas.

Y continué incorporando sin ninguna prisa otras experiencias, como grabado, encuadernación, libro de artista y ecoprint.

Hoy, sin dejar de transmitir a otros mis experiencias, continúo firme en mi decisión: “jamás los abandonaré”.